Muerte al dirigente – Respuesta al periódico CNT

En el periódico CNT de Enero de 2015, en la sección de Opinión, se publicaron dos textos en los que, de manera más o menos velada, se criticaba la presencia de compañerxs anarquistas en las manifestaciones de las “Marchas de la Dignidad” portando pancartas en las que se apelaba contra el “dirigentismo” de la lucha social, la recuperación electoral e institucional de la rabia popular y, en definitiva, contra cualquier tipo de autoridad que, como siempre, pretenderá gestionar y controlar nuestras vidas. En el siguiente enlace se pueden leer los dos textos a los que nos referimos: http://cnt.es/sites/default/files/cnt%20415%20opti.pdf

Desde Juventudes Libertarias de Madrid decidimos escribir un texto en respuesta a estas críticas, y a otras tantas que surgieron en ciertos ambientes y entre ciertos compañerxs, que enviamos al periódico CNT para que pudiera ser publicado también en la sección de Opinión. Sin embargo, desde que enviamos el texto no ha vuelto a salir ningún número más del periódico CNT, y entendemos que por el tiempo transcurrido, lo mejor es darle difusión ya desde nuestra web y otras plataformas.

Muerte al Dirigente

            El 29 de Noviembre de 2014 tuvieron lugar en Madrid Las Marchas de la Dignidad, en las que aparecía una pancarta con el lema “Muerte al Dirigente” y en la que aparecía la cara de Pablo Iglesias, secretario general de Podemos. Dicha pancarta, que no pasó desapercibida, recibió fuertes críticas desde ciertos sectores del entorno anarquista. Los ataques que la pancarta recibió (pocos buscaban el debate, muchos la crítica fácil y bravucona) por parte de algunos anarquistas nos provocaron gran sorpresa, puesto que el anarquismo en todas sus vertientes quiere lograr la destrucción de cualquier tipo de autoridad, siendo una de las más fáciles de reconocer el  poder político (no una de las más graves, puesto que cualquier forma de autoridad destruye la libertad de raíz y mata la igualdad, al crear dos clases diferenciadas y de intereses antagónicos: la clase que ejerce esa forma de autoridad y la que la sufre). El lema de esa pancarta alude a la esencia misma del anarquismo, a su razón de ser, a la desaparición de cualquier tipo de líder que decida sobre nuestras vidas. Hay gente que argumentaba que el lema es demasiado radical, que así asustamos a la gente, que estamos pidiendo la muerte de una persona. Ante esto, lo primero que habría que decir es que esto es un lema genérico que puede tomarse en sentido figurado (o no). Pedir la “muerte” como desaparición del los representantes de ese Poder que combatimos o las alusiones a, por ejemplo, instrumentos como la guillotina, han sido utilizados por anarquistas y otros movimientos no necesariamente libertarixs de forma constante. Aquellxs que se llevan las manos a la cabeza por pedir la desaparición de toda clase de dirigentes (y no la tibia y sistémica petición de “dimisión”) deberían plantearse las consecuencias que tiene la existencia de líderes, la permanencia del principio de autoridad en nuestra sociedad. El principio de autoridad (que se materializa en la existencia de dirigentes) es la piedra angular en la que se basa el sistema asesino en el cual vivimos, en el cual estos dirigentes asesinan a miles de personas cada día para poder mantener sus privilegios. Es decir, que la existencia de “Pablos Iglesias” provoca muertes cada día y mantiene a millones de seres humanos en la más absoluta miseria.

Una vez explicado esto, se nos hace aún más difícil comprender esas críticas. Nos es difícil imaginar que esas críticas se hubiesen producido de ser Mariano Rajoy el que apareciera en la pancarta. De tal modo, entendemos que la causa principal de las alusiones negativas a la pancarta es la presencia de Pablo Iglesias en ella. Mucha gente se preguntará por que elegimos ese rostro. Ese  rostro se eligió por lo que representa Podemos (y sus marcas blancas estilo “Ganemos” o “Ahora”) y lo que ha conllevado su irrupción en el panorama político. Nos encontrábamos en un momento de deslegitimación de las instituciones públicas. Esta deslegitimación no era realmente profunda, pues no criticaba la esencia de dominación y delegacionismo en las que se basan, criticaba la gestión poco eficiente y corrupta de las mismas. Sin embargo, Podemos se esforzó en volver a dotar al parlamentarismo de legitimidad a través de lemas como “¿Hace cuanto que no votabas con ilusión?”. Se pasó de escuchar en manifestaciones el “No nos representan”, al “Si se puede en las urnas”. Ya hemos visto que el descrédito de las instituciones, tal y como se estaba produciendo, no nos sitúa más cerca de la revolución social, pues carece de contenido. Sin embargo, la irrupción de Podemos nos hace retroceder aún mas.

Existe el discurso de que Podemos traerá ciertas mejoras en nuestro día a día que legitiman el voto. Con Podemos habrá menos represión, dicen. Con Podemos habrá mejores condiciones laborales. Con Podemos se acabarán los desahucios. Volvemos a confiar en terceras personas para la solución a nuestros problemas. Volvemos a confiar en que una clase social con intereses antagónicos a los nuestros defienda nuestros intereses. Lo primero que habría que ver es si cumplen esas promesas, pues la tradición de partidos políticos que no cumplen sus promesas electorales es amplia y variada. Esto se ha convertido en norma. Incluso en los manuales universitarios  de Ciencias Políticas, producto de la ideología hegemónica autoritaria, los partidos políticos actuales se conocen como partidos de “marketing”. Estos son definidos en estos mismos manuales como partidos en los que el programa electoral es una mera campaña publicitaria, con el fin de obtener votos que se traduzcan en la posibilidad de gobernar. El cumplimiento de estas promesas electorales es algo que se debe considerar una vez asentado en el poder, y siempre es opcional. Sin embargo, esta es una cuestión anecdótica, pues la variación de los partidos en el poder también lo es, es decir, nunca variarán de forma significa las características esenciales del sistema. Sea cual sea el partido que gobierne, y cumpla o no sus promesas electorales, habrá policía, habrá trabajo asalariado, habrá miseria y violencia.

Si nos preocupa la represión, debemos confrontarla con solidaridad, acción directa y actividad constante, pues esta es una característica intrínseca al sistema que intentamos destruir. Si queremos mejoras laborales, debemos luchar por ellas a través del anarcosindicalismo, desde organizaciones cuya toma de decisiones sea horizontal, e implique a los afectados por los problemas en su solución. Si queremos que los desahucios dejen de ser un problema, la okupación y las redes de apoyo mutuo deben formar parte de nuestro día a día. Los cantos de sirena de Podemos nos prometen ciertas mejoras, pero estas mejoras carecen de sentido si no sirven para construir y allanar el camino a la solución definitiva de los problemas: la revolución social. Estas mejoras no deben conseguirse mediante el voto, sino mediante la aplicación de nuestros principios de forma integra, sin fisuras ni medias tintas. El proceso de conquista de esas mejoras es tan importante o mas que la consecución de estas mejoras, pues debe servirnos como medio de propaganda hacia la sociedad, haciendo ver que nuestras ideas, principios y propuestas son viables, y como método de autocapacitación para prepararnos para vivir en el mundo nuevo que queremos construir. Si nos resignamos a la concesión de mejoras por parte del poder, hemos fracasado de antemano.

No se trata de que nuestro momento haya pasado, o de que aún no haya llegado. Nuestro momento es siempre, siempre que exista algún tipo de autoridad, incluso si es ejercida por alguien que lleve coleta. Si queremos ganar, la única forma posible es ir a ganar, ir a por todas, ir a por la revolución social.

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