Desobedientes…

Toda nuestra vida nos la hemos pasado aguantando que nos digan lo que tenemos que hacer. Nos dicen qué tenemos que pensar, qué tenemos que estudiar, qué tenemos que hacer tras nuestros estudios, con qué debemos divertirnos y con qué no, qué cosas nunca debemos pensar, qué debemos comprar, de quién nos tenemos que enamorar, de quién tenemos que tener miedo… y lo más importante, a quién tenemos que obedecer.

Ser joven para esta sociedad es prepararnos ser dependientes, obedientes, sumisos y conformarnos con el camino marcado. La juventud es también una fuente de riqueza para el capitalismo, un importante sector de la población al que bombardear con mensajes publicitarios y con objetos de consumo con los que intentar atontarnos y borrar nuestras inquietudes. Periodistas, pedagogos, psicólogos y demás charlatanes no dudan en criminalizar a la juventud con sensacionalismo barato, todo con tal de tenernos amordazados y respetuosos con la autoridad vigente.

La familia tradicional es una institución que a través del chantaje emocional, la dependencia económica que de ella tenemos y el reforzamiento de los padres como figura autoritaria hace que vivamos en un régimen de obediencia y sumisión a sus deseos y designios.

En la escuela, el instituto o la universidad, somos instruidos para una vida de obediencia y para ingresar en las filas del trabajo asalariado, para enriquecer a los empresarios. Las alternativas son el paro y la miseria. O vida de mierda en un trabajo de mierda, o vida de mierda en la marginalidad y la carencias más absolutas. Esto es lo que intentan ocultar bajo la fachada de sus distintos modelos de enseñanza, de sus institutos, de sus colegios bilingües y sus “Campus de Excelencia”. El conocimiento y la cultura libre mueren en la enseñanza estatal o privada, sepultada por el peso de los intereses empresariales en la educación, y el adoctrinamiento en los valores autoritarios, competitivos, decálogos del obediente y buen ciudadano.

Nuestro “tiempo libre” ha quedado reducido a “consumo libre”. Todo cuanto podemos hacer para divertirnos es comprar tal o cual aparato nuevo, ir a algún garito a dejarnos las perras por sustancias que nos atonten. La cultura, la música, el deporte, todo nos los venden como una mercancía que comprar o vender, un objeto de consumo más para enriquecer a unos cuantos o una vía de escape, incluso para intentar hacernos “ricos y famosos”.

¿Y qué pasa si lo que vemos no nos gusta? Pues nos dicen que no pasa nada, que cuando tengamos 18 años podremos votar, que tenemos consejos escolares o delegados, juntas de facultad, a los listillos del Sindicato de Estudiantes, los leninistas o los derechones, o demás “pequeños parlamentos” que nos ofrecen las instituciones (porque sirven para lo mismo que el parlamento, para NADA). Nos hacen delegar en ajenos. Nos convierten en seres dependientes, para que necesitemos de políticos o de aspirantes a ello. Al igual que al resto de la población, se nos trata como seres incapaces de solucionar nuestros propios problemas. Nos dicen cómo protestar de forma “pacífica” y respetuosa con aquello que nos oprime. Todo con tal de comprar nuestra obediencia. Estarnos calladitos y no meternos en líos.

Pues nosotros no pensamos seguirles el juego. Somos jóvenes con inquietudes de cambiar la realidad que nos rodea. Pero cambiarla de verdad, no para cambiar de partido político que nos gobierne. Tampoco aspiramos a salir en la tele o a que nos voten. Nosotros luchamos con nuestros iguales de forma asamblearia, donde nadie es más que nadie, sin líderes ni jerarquías. Porque somos anarquistas. Contrariamente a lo que dice el poder y sus voceros, los anarquistas creemos en el orden libremente asumido por las personas, a través de la igualdad y la solidaridad entre iguales. Despreciamos cualquier tipo de autoridad y cualquier tipo de explotación.

Somos las Juventudes Libertarias, jóvenes que nos organizamos sin distinción de sexo o color de la piel. Nuestros enemigos son aquellos que pretenden imponer su voluntad sobre nosotros y nuestros semejantes. Nuestros enemigos son el Capital y el Estado y luchamos por la anarquía.

¡AUTOORGANIZACIÓN, ACCIÓN DIRECTA Y SOLIDARIDAD! ¡DESOBEDECE, CONSPIRA Y ATACA!

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